Notable cambio desde el siglo 19: El comercio de China con el mundo
Una historia fascinante que marcó el comercio internacional entre Europa y China en el siglo XIX:
La Guerra del Opio y el comercio con China durante el siglo XIX
El Imperio Británico tenía una creciente demanda de té, seda y porcelana china, pero China no necesitaba productos británicos, lo que generaba un desequilibrio comercial. Para compensarlo, Gran Bretaña comenzó a exportar ilegalmente opio desde la India a China. El consumo masivo de opio provocó una crisis social y económica en China, lo que llevó al gobierno Qing a prohibir su importación.

En respuesta, Gran Bretaña lanzó la Primera Guerra del Opio (1839–1842). Tras la derrota china, se firmó el Tratado de Nankín, que obligó a China a abrir varios puertos al comercio extranjero, ceder Hong Kong a los británicos y otorgar privilegios comerciales a Europa. Este evento marcó el inicio de una era de tratados desiguales y enclaves semicoloniales, donde potencias europeas como Francia y Alemania también establecieron presencia comercial en territorio chino.

Este episodio no solo transformó el comercio internacional, sino que también debilitó la soberanía china y aceleró su apertura forzada al mundo occidental. Una historia de ambición, conflicto y profundas consecuencias económicas.
¿Qué sucede ahora en el siglo 21?
Ahora, avancemos al siglo XXI. Irónicamente, el guion se ha invertido. China, que en el siglo XIX fue víctima de una agresiva expansión comercial europea, se ha convertido en la potencia comercial dominante del mundo. Ya no es el país que se resiste a abrir sus mercados, sino el que abastece al planeta entero. Desde teléfonos móviles hasta ropa interior, pasando por maquinaria pesada y juguetes de plástico, China se ha convertido en la fábrica global. Europa y Estados Unidos, que antes imponían condiciones, ahora compiten por mantener relaciones comerciales favorables con Beijing. Y mientras en el siglo XIX los británicos usaban el opio para equilibrar la balanza comercial, hoy muchos países parecen adictos a las importaciones chinas, aunque esta vez el “opio” viene en forma de smartphones baratos y productos de consumo masivo.

La ironía histórica es deliciosa: el país que fue obligado a abrir sus puertas al comercio bajo amenaza militar, ahora dicta los ritmos del comercio global con una mezcla de eficiencia industrial, diplomacia estratégica y una red logística que haría palidecer a cualquier imperio del pasado. Si los emperadores Qing pudieran ver el panorama actual, probablemente levantarían una ceja y dirían: “¿Quién necesita cañones cuando tienes contenedores?”
